Viajeros con cama

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martes, 1 de enero de 2013

Mujer I y II


Mujer I

¿Ser mujer?
Un rostro entre las piernas.
Un rostro
con vello púbico.

Cierra los ojos: verás
las mismas estrellas
que yo veo.

No soy mujer ya.
No fui hombre nunca.
No tengo rostro: soy
así de libre.
Mujer II

Cuando me tocaron
por primera vez, no hubo
ningún choque de galaxias.

Esa noche
creo que el único sonido fue
el de unos libros rasgándose.

Luego,
las manos ya no tenían nombre.
Los cuentos ya no prometían finales.
Noche tras noche.
 


dibujo: diana 

jueves, 7 de julio de 2011

La maldición

Si hablo de libertad,
los caminos se decoloran
y, por no sé que molesta magia,
los mapas se vuelven arena
al desdoblarlos. 

Si hablo de calles
estallan en trizas los azulejos
a ritmo de sílaba.

Si hablo de junglas 
origino deforestaciones
mientras los verdaderos hombres de los laberintos
me acusan
de conocer sólo el desierto.

Si hablo de tu cuerpo, de tu sexo maravilloso,
ahí ocurren cosas trágicas:
los espejos dan la espalda, los condones se caducan,
las sábanas se vuelven una tundra de acceso no recomendable,
y los dedos
enferman
como animales en jaulas,
y toda la piel rechaza el tacto ajeno
con reacciones alérgicas.

Si hablo de amor…
bueno,
¡nunca lo he intentado!

Por descarte, por desahogo, me quedan
las cosas irreparables.
Los fuegos que ya no queman,
los cuchillos que ya no cortan,
las soledades que ya
no enderezan los espejos.

Y me basta.

miércoles, 22 de junio de 2011

Léxico

Nos hablaron de un fenómeno peculiar, en el que las palabras hacían a las realidades y las realidades hacían a las palabras, y en ese hacerse mutuo no se sabía bien quién era el objeto y quién el sujeto. Así sucedía siempre, allá donde el hombre hubiera decidido poner idioma sobre las cosas para someterlas, para poseerlas indefinidamente.
Un escueto idioma que sólo concedía una palabra para arena y para fango llevó al caos y la frustración el día que sus parlantes quisieron desarrollar la alfarería. 

Los hablantes de la lengua que no tenía verbos en futuro nunca inventaron los anticonceptivos, y asociaron los hábitos de predicción de tormentas con la brujería.
Aquellos hombres primarios que vivían en un estrecho monte tenían el río al sur y la nieve al norte. Cuando se dañaban un pie, decían que les dolía el río. Cuando se golpeaban la cabeza, decían que la nieve les dolía. El deshielo no aniquiló la tradición (pero la volvió arcaica).
En épocas desorientadas los guardianes del bautismo seguían siendo los mismos idiomas que dividen las notas musicales, que humanizan los mares, que difieren con rotundidad del sexo de la luna.

lunes, 13 de junio de 2011

Instrucciones para ciegos III

  Cómo reconocer el verano.

  Preste atención a los silencios de las migraciones. Se dan en los climas perversos; se perciben acercando el órgano auditivo a los asfaltos, al aire, a la línea de los raíles. 

  Distinguir las migraciones veraniegas de las migraciones invernales es crucial. Asegúrese simplemente de que no hay narices congestionadas o bufandas en las voces. 

  El sudor puede aclarar los casos críticos de confusión. También, y de una forma más íntima, el encontrar apetecible un pie descalzo.


viernes, 13 de mayo de 2011

El círculo del eufemismo

Cuando era niño, vio a su perro ahogarse en un pequeño pantano. Desde entonces, la palabra pantano fue demasiado terrorífica, y llamó a los pantanos “espejos”.  
Cuando creció, le habló a su hijo de un espejo oculto en el bosque, en el que vivían criaturas submarinas y algas gigantescas.
El niño no lo encontró nunca. Se volvió para él algo mítico y terrorífico. Desde entonces, llamó a los espejos “ventanas”.
Cuando su propio hijo era grande, le pidió, un día de preparativos para una fiesta, que le aproximara una ventana para mirarse.
El niño se sintió culpable por no poder desplazar apenas un centímetro el marco claveteado. La culpa se solidificó en aquel objeto estático. Desde entonces, llamó a las ventanas “bañeras”.
Cuando creció, quiso sorprender a su hijo y le dijo que mirara bien dentro de la bañera, y vería un molino.
El niño nunca encontró el molino, y ya nunca se atrevió a buscarlo, y desde entonces llamó a las bañeras “pantanos”.
Cuando su propio hijo era grande, le compró un perro. Un día le dijo que debería aprender a bañarlo, y que lo metiera dentro del pantano.
El niño vio a su perro ahogarse. Desde entonces, llamó a los pantanos “espejos”. 

jueves, 21 de abril de 2011

El cuento negro de la inocencia

Un día los títeres murieron. Nadie supo bien por qué. La tragedia no tuvo inmensas repercusiones, porque apenas se percibió demasiado: los antiguos levantadores de risas, al borde de sus cuerdas, seguían realizando aún cadáveres los movimientos de sus épocas de vivos. Pero ya era distinto. Era difícil apreciarlo, pero no imposible. Sus danzas, sus chistes estúpidos, sus recitales de poesía ya no era más que burdos simulacros de vida, sin espíritu, sin delicadeza, sobrecargados de una simpatía mucho más que macabra. Era una mano ajena y aterradora la que -sin escrúpulos- les imprimía esa vida artificial, espantosa en su falacia. No todo el mundo lo veía. Los padres miraban el baile de los cuerpos muertos y aplaudían, satisfechos en su aparente ignorancia. Sólo se dieron cuenta de la tragedia, y muy intensamente, los niños. Todos miraron la pantomima con grandes ojos grises, y no aplaudieron. Ya nada era igual. Quién sabía por qué.
dibujos ruinmente robados a: laia arqueros

viernes, 1 de abril de 2011

Instrucciones para ciegos II

Cómo reconocer la primavera.
En primer lugar, no debe uno asustarse por el imprevisto derramamiento de pétalos que, a simple tacto, viene de las alturas. Suele deberse al sexo de los pájaros.
Nada más realizar ese descubrimiento, localizad el árbol próximo. Trepadlo. Detectad los aromas; detectad los chapoteos; detectad las desnudeces y las plumas arrancadas. La primavera estará, seguramente, debajo de todo eso. Para mayor y último convencimiento, advertid si habéis olvidado sin trauma la chaqueta en el perchero de casa.

domingo, 20 de marzo de 2011

Cómo quiebran los bancos

En aquella antípoda donde los fenómenos se mueven a la inversa y el cabello crece hacia arriba y no hacia abajo, una persona encuentra gracioso un chiste y se ríe haciendo música con un soplido de nariz. Ese soplido, lejos de desvanecerse en el aire, realiza un viaje evolucionante, gradualengordocreciente, hasta que llega a la otra punta del mundo transformado en huracán de temperaturas y dimensiones inmensas y de efecto retroalimenticio.
Los hombres descubren un día que todos los elementos del mundo pueden simbolizarse, desde un objeto querido hasta un dolor estomacal. Acto seguido son inventadas las lápidas, los anillos, las promesas, los billetes, el alfabeto, los retratos. El universo de las parábolas, creado por los hombres, camina rozando al suyo, cada vez más y más gordo de inexistencias que existen. Y un día de tragedia ambos se tocan, y el tacto se vuelve incompatible, y ya todas las cabezas se convierten en piedra y las alegorías no las penetran, y como consecuencia los resguardos dejan de resguardar, y los vales dejan de valer nada, y todo pierde su nombre en una sonora festividad del desbautismo, y los billetes que ahora cuestan lo que cuesta un trozo de ilustración impresa se utilizan para atascar los conductos de los embalses, y los relojes se mueren de indiferencia, y se produce un cataclismo espectacular tras el que, durante semanas, los hombres se ven obligados a rastrear el suelo buscando pedacitos de metáfora para volver, una a una, a rebautizarlas.

sábado, 19 de febrero de 2011

Leyenda que viene a explicar la muerte de los carámbanos (y otros fenómenos de -si cabe- menor importancia)

Un sabio estaba buscando su ropa desde el asiento trasero de un coche, cuando la situación le inspiró para una teoría sobre las temperaturas subjetivas. Del pertinente vaho que empañaba los cristales, originado por el choque entre ambos mundos -el de dentro y el de fuera del vehículo, ese microclima interior que se mantenía tropical mientras fuera, en la estepa, estaba helando- emergieron las bases para un teorema sobre las influencias psicológicas en la percepción del frío o del calor reales (con especial atención al capítulo sexual). Por desgracia para la ciencia, una camisa huidiza que había ido a refugiarse en el hueco del pedal y el embrague distrajo de momento y para siempre las aspiraciones científicas de nuestro sabio; y desde luego no ayudó la súbita disolución de la nieve, el vibrar trágico de los cristales, el lamento del desinflarse de las ruedas, las agresiones repentinas de las estalagmitas de hielo, la lluvia rabiosa y el granizo, el desintegrarse de los cocos en las palmeras en millones de partículas, el suicidio -tubo de escape adentro- de las alimañas voladoras que intentaban y no podían despegar la escarcha de su piel, ni, en definitiva, la explosión última y conmovedora de aquel mundo exterior que anhelaba y no conseguía ser aquel interior de coche, y sólo podía, desesperado, retorcerse en la rabia inmensa del frío.

sábado, 5 de febrero de 2011

Cuento de reyes y cegueras

El rey, como era feo y el bisturí no estaba muy evolucionado, recurrió a una solución radical: sometió a todo su reino a una operación de reducción de visión, financiada por él. De forma que toda la gente podía distinguir sólo sombras o manchas borrosas, y no fealdades ni bellezas ni otras nitideces.
Sin embargo, no contó con algo evidente: que todo cambio genera una nueva escala de valores. Que de un bosque talado también surgen enanos y gigantes, si os van las metáforas. Así que los súbditos del rey, sumisos y cegatos, comenzaron no obstante a habituarse a las sombras y las manchas, a hacer lógico el borrón; y dentro del mundo sin nitideces aprendieron de nuevo, a fuerza de observaciones tullidas, a distinguir líneas, y claridades, y después fealdades y bellezas. De modo que el rey y su fea cara no tuvieron escapatoria. La cirugía se empezó a desarrollar entonces, como recurso de emergencia.

martes, 25 de enero de 2011

Cómo sobrevivir a las temperaturas extremas

Hay reptiles en los desiertos helados que, a la vista de otra noche ártica, renuncian a la dignidad pleistocena achacada a ellos por los historiadores –y del todo desconocida por ellos mismos- y se entierran bajo la arena, a la espera cobarde de la calma.
Hay un árbol que, ofendidísimo por la falta de lluvia, dio paraguas.
Hay criaturas terriblemente desgraciadas que nunca conocerán la nieve, y que la inventan en sueños desérticos, y que, en la agonía de la sed, escarban, regurgitan, muerden la niebla, persiguen el rocío en el firmamento, y acaban, para tragedia, especializándose en la ruptura corazones con vistas a alimentarse en silencio de lágrimas ajenas.
Hay lugares donde la ausencia del sol crea una marca, que ya nunca se borra, que permanece en el corazón de la gente.

jueves, 6 de enero de 2011

Instrucciones para ciegos

Cómo reconocer el invierno.
Camine hacia dentro y hacia fuera. Ignore el frío. (El termómetro humano es poco fiable: induce a sudar durante las felicidades y a tiritar en las noches solitarias del verano). Simplemente, aténgase al tacto bajo. Cuando la hierba comience a crujir, habrá dado con la señal inequívoca.


sábado, 11 de diciembre de 2010

Sexo

Según un viejo diccionario desenterrado del corazón endurecido de un volcán, se dice que el sexo es el encaje perfecto de dos cuerpos de formas incompatibles, o bien la técnica de doblar una servilleta limpia en cuatro pliegues y luego en diez pliegues y después en cien pliegues y así sin descanso, hasta dejarla ensangrentada.
Cuentan que una persona iba un día caminando por una ciudad vacía y de pronto comenzó a ver fenómenos nunca antes vistos. Vio que una casa se fusionaba con la vecina; vio que una señal de tráfico hacía coincidir sus formas con el tronco sinuoso de un árbol; vio que las moles del horizonte encajaban con fascinante precisión en las siluetas puntiagudas de la ciudad. Vio que todos los elementos, los animales y los charcos, los vehículos y los carteles oscilantes, se encajaban como cuerpos contorsionistas en los escenarios con un milagro que iba entre lo criminal y lo fabuloso, y oyó lamentos infinitos, y vio relojes de agujas anarquistas, y comprobó conmocionada que unos latidos sin dueño iban dejando marcas gigantescas debajo del asfalto.
Cuentan también que esa persona, después de ver todo eso y no poder tocarlo, corrió a su casa y notó que, como castigo, durante días los cuchillos no producían sensación alguna al clavarse en la carne.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Apuntes extragalácticos 2: la gravedad

Resulta hilarante la lucha de los hombres contra la gravedad. En nuestra observación de los hábitos humanos, nosotros (que no podemos imaginar cómo un ser puede existir en la perpetua vigilancia del equilibrio) viajamos intermitentemente de la compasión, pasando por la fascinación, al puro descojone. En su resignación casi absoluta, son curiosas las técnicas empleadas por los hombres para neutralizar a la fuerza que se les lleva de las manos todo elemento; así, en un alarde de superar en ingenio al laberinto gravitatorio de la natura, han inventado las patas de las gafas, los cinturones o las asas de los bolsos. De algún modo, aunque encontremos muy cómica su picaresca (por ser ridícula, comparada con la gran fuerza contra la que luchan), hay algo que no podemos dejar fuera de nuestros cuadernos: su empeño para sobrellevar esa batalla tan desigual es paciente, valeroso, incluso admirable.



viernes, 22 de octubre de 2010

Orígenes 3: El origen del amor

  Es importante señalar, previamente, que el amor surgió antes de que fuera impresa la primera revista pornográfica.
  Para hablar del origen de la pornografía, habría que remontarse al momento en que el hombre dibujó por primera vez en la arena de una playa una curva, y en un ejercicio de abstracción vio en ella una cadera; dibujó luego otra curva, y vio un labio inferior; las miró ambas un rato, e imaginó entre curva y curva derretirse un continente y levantarse una constelación color azul turquesa.
  Años después, los académicos llegaron a diferenciar entre esta nueva ciencia y lo que calificaron como amor (una cosa ya inventada que desde tiempos no conocidos venía pululando sin nombre ni definición por las cabezas de los lunáticos y por las resacas de los escritorzuelos).

miércoles, 20 de octubre de 2010

rresoluzion

oi e dezidido escrivir igual
qe las personas qe aun no sospechavan
qe se podria yegar a azer un dogma
hincluso de la palavra

miércoles, 13 de octubre de 2010

laanarquíadelossentidos

dibujo: diana moreno
debo
existir
un poco más allá de este goce.

sólo un poco más,
otro poco.

¡a ver si la muerte al final
no era sólo una excusa
para hacernos contratar seguros!