Viajeros con cama

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viernes, 7 de septiembre de 2012

Poema

 
Entras en mí
lleno de amor y de sangre.

¿Cómo no quererte
y cómo no sangrar
por ti?

jueves, 24 de mayo de 2012

Yo estoy


Yo estoy, según un recuerdo de esos que se recuerdan pero que realmente nunca jamás llegaron a vivirse en la vida verdadera, viviendo contigo junto a un lago.

Cuando baja la marea, tú y yo nos asomamos a la barandilla a ver cómo mueren de asfixia a los peces.

Cuando la marea sube, los dos nos vemos obligados a resguardarnos en la casa, a subir los peldaños de la gran escalera central según se va elevando el agua, y cuando ésta sube más y más acabamos refugiándonos en la última habitación, la más alta, y allí, desnudos y encerrados, nos pasamos las horas haciendo el amor entre pájaros y cirroestatos mientras imaginamos aterrados cómo debe ser la muerte por ahogamiento. 

desnudo con olas. dibujo: diana moreno

domingo, 26 de febrero de 2012

El imperio de los "sin sexo"



La japonesa –bueno, y la occidental, por extensión- me parece una sociedad un poco enferma. El mundo del sexo a la venta, de las muñecas hiperrealistas, de las prostitutas actrices, de la superficialidad, etc., sólo oculta una fea realidad: el individualismo ha llegado a tal punto que las personas dejan de hacer el amor por la desgana de dar placer al otro. Y prefieren el sexo solitario, el consumismo solitario, el amor solitario, y todo eso. 
Yo, que defiendo tanto el onanismo (fea palabra), veo esto como un cuento retorcido y bastante inquietante. Los incomunicados, en lugar de esforzarse en conseguir comunicarse, se dedican a mejorar y comercializar la masturbación.
De todo esto habla un impresionante documental, que acabo de tragarme en la 2: El imperio de los “sin sexo”, de Pierre Caule. Estupendo.

sábado, 22 de octubre de 2011

Paralelos


Tú, en tu claustro
de lloviznas y tabacos,
en algún punto estratégico del océano gástrico,
me sueñas.

Yo, en mi ciudad sin faros,
de desnudos y de noches,
junto al hueco humedecido de la tristeza,
te sueño.

La misma noche. El mismo sexo
inesperado, de animales
en vela.

¡Nunca dos sueños
decidieron complacer tanto y tanto
a sus dos víctimas!

jueves, 18 de agosto de 2011

Amor en singular para hombres en plural (II)

 
recuerdo
tus ojos que tienen verbos,
tus uñas que tienen sangre.


sin tu sed, mis pezones
son sólo pedruscos.


besaría la tela
que te cubría.
la besaría por rendirse. 

domingo, 3 de abril de 2011

Amor en singular para hombres en plural (I)

uso un hombre
como desnudez
y podría morirme de fuego.



un abrazo tuyo convierte mi ombligo en luna.
mi sudor, en el pantano último en la tierra.



paso las páginas de sus labios
una a una,
sin final.
nunca llega el desenlace.



cuando la magia es la muerte
tu cuerpo se llena
de trucos fallidos. 

sábado, 19 de febrero de 2011

Leyenda que viene a explicar la muerte de los carámbanos (y otros fenómenos de -si cabe- menor importancia)

Un sabio estaba buscando su ropa desde el asiento trasero de un coche, cuando la situación le inspiró para una teoría sobre las temperaturas subjetivas. Del pertinente vaho que empañaba los cristales, originado por el choque entre ambos mundos -el de dentro y el de fuera del vehículo, ese microclima interior que se mantenía tropical mientras fuera, en la estepa, estaba helando- emergieron las bases para un teorema sobre las influencias psicológicas en la percepción del frío o del calor reales (con especial atención al capítulo sexual). Por desgracia para la ciencia, una camisa huidiza que había ido a refugiarse en el hueco del pedal y el embrague distrajo de momento y para siempre las aspiraciones científicas de nuestro sabio; y desde luego no ayudó la súbita disolución de la nieve, el vibrar trágico de los cristales, el lamento del desinflarse de las ruedas, las agresiones repentinas de las estalagmitas de hielo, la lluvia rabiosa y el granizo, el desintegrarse de los cocos en las palmeras en millones de partículas, el suicidio -tubo de escape adentro- de las alimañas voladoras que intentaban y no podían despegar la escarcha de su piel, ni, en definitiva, la explosión última y conmovedora de aquel mundo exterior que anhelaba y no conseguía ser aquel interior de coche, y sólo podía, desesperado, retorcerse en la rabia inmensa del frío.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Versos mundanos sin título

(hay un instante, él tiene la culpa,
quizá por su desnudez, no sé,
por desalojar la carne que la tela volvía
anonimato perfecto,
por regalarme -lo quiera o no- la curva de todo su cuerpo.
o quizá es culpa de la simone
que justo entonces
ni antes ni después
comienza a hablar de las bondades del coito anal.
cómo saberlo.
o, bueno, tal vez
es culpa del mar
que suena a éxodo de repente,
y sus buitres pronuncian orgasmos evidentísimos,
y todo ser viviente suda a mares. de muerte.
de be-bop.
o quizá suceda que todos los elementos se atraen de pronto y encajan
por magia de nosequé fenómeno atmosférico
y se nos llena la ciudad de ríos fusionados, de eclipses, de vehículos impactados,
del suicidio de los hombres con moralidad...
en fin.
no lo sé bien.
sólo puedo entender
que él se desnuda, y de pronto
el mundo entero está hambriento).  


bocetos-garabatos, desnudo masculino. diana moreno.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Mundo genital

la casa es luminosa y honda. en el centro, un pasillo verde que nunca acaba; tiene en sus paredes pantallas alineadas, y cada una emite imágenes distintas. en una, dos hombres hacen lucha libre; se arrancan la ropa interior; follan. en otra, una rubia es penetrada por un negro por delante, por un cobrizo por atrás y por un albino por arriba mientras recita a baudelaire. en la tercera, dos musas encueradas en posturas imposibles azotan y felan a un indigente. en la cuarta hay una orgía hindú, con música hardkore. en la quinta, un rifirafe entre un jefe y su secretaria acaba en derrame profuso, en alarido, en desgarro. así, hasta doscientas pantallas. un pasillo inmenso, sin final, como agujeros transitados; la casa es enorme.
fuera, los grandes tiburones financieros no se inventan empleos que contar a sus padres. la alta sociedad se fotografía en el marco de un torneo benéfico de pádel. fuera los ídolos se vuelven hipócritas, y los castos lideran redes de prostitución infantil, y los líderes incitan al sueño implantando otro canal íntegro de telebasura. yo me quedo dentro, pienso. aquí, al menos, no llega el frío.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mutaciones


En las horas insomnes de hambre, los hombres han intentado encontrar a otras mujeres en mí, muchas veces.
Han buscado en mí los muslos de alguien distinto. Quizá más joven, o más querida.
Han buscado en el mío el vello que extrañaban de sus prehistorias. Los pezones de aquélla que les regaló su primera quemazón. Las uñas de la vende-postales de sus madrugadas ácidas adolescentes.
Un labio que era más grueso; un roce que era más lento. Algún enigma que yo no soy (pero al que me acerco).
A la mujer que perdieron; a la que no tocaron. Y a otras, a muchas otras, quién sabe.
Simplemente,
alguien que no estaba cuando yo sí que estaba.

Así pues, soy un templo.
Así pues, ¿debería sufrir
por cada teatro amatorio, cada verso falseado?
¿Debería rebelarme a las esclavitudes, los tactos variantes, la caricia sin bautismo,
los jugos que ellos me exprimían para ponerles un mote terrible, que no era mío?

Cómo saberlo.
No entiendo de nostalgias, ni entiendo de líricas.
Soy sólo un templo.
Soy tan grande
que nunca protagonizaré un poema.

(Sospecho).

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sexo

Según un viejo diccionario desenterrado del corazón endurecido de un volcán, se dice que el sexo es el encaje perfecto de dos cuerpos de formas incompatibles, o bien la técnica de doblar una servilleta limpia en cuatro pliegues y luego en diez pliegues y después en cien pliegues y así sin descanso, hasta dejarla ensangrentada.
Cuentan que una persona iba un día caminando por una ciudad vacía y de pronto comenzó a ver fenómenos nunca antes vistos. Vio que una casa se fusionaba con la vecina; vio que una señal de tráfico hacía coincidir sus formas con el tronco sinuoso de un árbol; vio que las moles del horizonte encajaban con fascinante precisión en las siluetas puntiagudas de la ciudad. Vio que todos los elementos, los animales y los charcos, los vehículos y los carteles oscilantes, se encajaban como cuerpos contorsionistas en los escenarios con un milagro que iba entre lo criminal y lo fabuloso, y oyó lamentos infinitos, y vio relojes de agujas anarquistas, y comprobó conmocionada que unos latidos sin dueño iban dejando marcas gigantescas debajo del asfalto.
Cuentan también que esa persona, después de ver todo eso y no poder tocarlo, corrió a su casa y notó que, como castigo, durante días los cuchillos no producían sensación alguna al clavarse en la carne.

jueves, 18 de noviembre de 2010

De calcetines solitarios


foto: diana moreno

Él me dijo, ven a mi casa. Yo le dije, cómo te llamas. Era una noche de agosto, era la cuidad, y él era un dandy salido de las cloacas.
Entonces me acordé, como quien no quiere la cosa, de las clases de gimnasia del colegio. Un profesor dictatorial llegaba y nos gritaba: poneros por parejas; y a mí me entraba, recordé, una angustia, como de intimidad rota, que tenía que disimular. Emparejamientos, pensaba. Somos calcetines, o qué, pensaba.
Y en aquel preciso momento, en la noche y en la ciudad y en compañía del dandy salido de las cloacas, me dije, bah, ha pasado mucho tiempo. Pero caí con sorpresa en que no, que aquel ponerse por parejas ya no era una orden en boca del profesor de gimnasia dictatorial, pero sí en boca de otros muchos dictadores. El ponerse por parejas era la última dictadura vigente. Una dictadura con sus adeptos, sus rebeldes, sus medidas de control y sus lavados cerebrales, como cualquier otra.
Eso pensé. Entre swings de absenta. Así que yo, esa habitual insurrecta, decidí someterme: eché a andar con el dandy salido de las cloacas para evitar, sólo por aquella noche, que los militares me montaran un consejo de guerra por opositora. 

viernes, 22 de octubre de 2010

Orígenes 3: El origen del amor

  Es importante señalar, previamente, que el amor surgió antes de que fuera impresa la primera revista pornográfica.
  Para hablar del origen de la pornografía, habría que remontarse al momento en que el hombre dibujó por primera vez en la arena de una playa una curva, y en un ejercicio de abstracción vio en ella una cadera; dibujó luego otra curva, y vio un labio inferior; las miró ambas un rato, e imaginó entre curva y curva derretirse un continente y levantarse una constelación color azul turquesa.
  Años después, los académicos llegaron a diferenciar entre esta nueva ciencia y lo que calificaron como amor (una cosa ya inventada que desde tiempos no conocidos venía pululando sin nombre ni definición por las cabezas de los lunáticos y por las resacas de los escritorzuelos).

martes, 28 de septiembre de 2010

Sonata de un acto minúsculo

dibujo: diana moreno
Ahora que ha pasado tanto...
creo que tengo algo tuyo
en mi bolsillo.

Era un segundo perdido en el ombligo
de la ciudad translúcida.
Tú estabas fumando
(¿puedo decir tú, sin romperte?),
fumando
desnudo en tu cama.

Había música de piano.
Las notas eran humo,
o los humos eran nota.
En todo caso
volaban a mí, una a una, compases de nieblas bemoles,
y me tocaban.

En la ciudad translúcida
me tocaban las notas,
desnudas tabacaleras de piano retuercenubes,
recién quemadas en tus labios.

Pensé:
si quitas esta música,
si dejas de fumar,
o si apagas la ciudad translúcida
moriremos ambos.