Viajeros con cama

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sábado, 19 de enero de 2013

Madrid en el cómic


El Rastro según el dibujante Alfredo

He unido dos de mis pasiones, el cómic y la ciudad de Madrid, en este artículo, en el que hago un repaso de las historietas ambientadas en la capital.  
Cómo el cómic ha reflejado mi ciudad (mi ciudad adoptiva, quiero decir, pero que tan jodidamente bien me adopta) se ha convertido en una obsesión para mí durante el tiempo que ha durado la investigación. Que por cierto ha sido estupenda.
Giménez retrata el Embajadores de los cincuenta
Los tipos de la Asociación de Autores de Cómic, muy majos, me contestaron en seguida cuando contacté con ellos y me ayudaron en este curro. Aparte he visitado algunas tiendas de cómics y bibliotecas, pero siempre el trabajo más preciso se hace vía Google, aunque suene menos romántico.
En cierto modo, no veo otra mejor forma de homenajear Madrid que usarla como escenario para la historia que sea. Por supuesto, la idea partió de Carlos Giménez, que es uno de mis maestros en todo (y del que voy a preparar un artículo similar aparte, nota mental). Adoro su historieta en la que retrata Lavapiés, una de mis zonas preferidos, describiéndolo como un barrio en el que “nunca pasa nada, pero sin embargo siempre se mueve”.
Aparte, he descubierto otros autores interesantes, como Juan Berrio o Miguel Navia. 

Aquí os dejo el artículo. 

martes, 1 de enero de 2013

Mujer I y II


Mujer I

¿Ser mujer?
Un rostro entre las piernas.
Un rostro
con vello púbico.

Cierra los ojos: verás
las mismas estrellas
que yo veo.

No soy mujer ya.
No fui hombre nunca.
No tengo rostro: soy
así de libre.
Mujer II

Cuando me tocaron
por primera vez, no hubo
ningún choque de galaxias.

Esa noche
creo que el único sonido fue
el de unos libros rasgándose.

Luego,
las manos ya no tenían nombre.
Los cuentos ya no prometían finales.
Noche tras noche.
 


dibujo: diana 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Dibujar, el verano y Malasaña


El martes, con la Tabacalera chapada, el grupo de dibujo eligió la plaza del Dosde como lugar para las sesiones.
Antes de liarme a garabatos, en un ratejo agradable lleno de latas de los chinos y balonazos de niños, me vi Malasaña de día, que hacía tiempo. Encontré a Malasaña como quien encuentra especialmente guapa a una novia. Con los pubs cerrados y los comercios abiertos, husmeé tal tienda de discos y descubrí tal floristería, y vi una mesa de ping-ping con la que habían hecho peatonal tal calle. Dije, éste es mi barrio. Y luego, con el dibujo al aire libre, dimos el último adiós al verano. 
Me encantas, Madrid. 

Cogida de la página de Dibujo Madrid


jueves, 21 de abril de 2011

El cuento negro de la inocencia

Un día los títeres murieron. Nadie supo bien por qué. La tragedia no tuvo inmensas repercusiones, porque apenas se percibió demasiado: los antiguos levantadores de risas, al borde de sus cuerdas, seguían realizando aún cadáveres los movimientos de sus épocas de vivos. Pero ya era distinto. Era difícil apreciarlo, pero no imposible. Sus danzas, sus chistes estúpidos, sus recitales de poesía ya no era más que burdos simulacros de vida, sin espíritu, sin delicadeza, sobrecargados de una simpatía mucho más que macabra. Era una mano ajena y aterradora la que -sin escrúpulos- les imprimía esa vida artificial, espantosa en su falacia. No todo el mundo lo veía. Los padres miraban el baile de los cuerpos muertos y aplaudían, satisfechos en su aparente ignorancia. Sólo se dieron cuenta de la tragedia, y muy intensamente, los niños. Todos miraron la pantomima con grandes ojos grises, y no aplaudieron. Ya nada era igual. Quién sabía por qué.
dibujos ruinmente robados a: laia arqueros

martes, 4 de enero de 2011

prohibido juntar palabras (bajo pena de ternura inoportuna)


intento a la desesperada escribirte un poema. o una prosa lunática, o una misiva, o como carajo quieras llamarlo; el caso es el mismo, la operación es idéntica: recordarte a ti, poquito a poco, a mordiscos largos y tiernos. recordarte igual que se reviven a puntadas las notas de un vals que apenas se conocía y cuyo recuerdo fue una herencia bruja: así de suave, de animal, de sin quererlo, así de enamorado, te traigo conmigo.
y cómo llueves. hermano de madera, de inviernos, de saxos calientes. cómo inundas. cómo te marchas con los cigarros ya gastados, con los fragmentos de canción que se olvidan en favor del estribillo, con las escenas de tal western donde el héroe traiciona y el villano enternece y hacen al mundo más incoherente y mucho, mucho más hermoso. cómo desapareces y nunca desapareces, igual que lo hace la nieve, la estrella, el goce irrepetible, la vida ficticia que embellece por unos instantes a la marioneta.
quería escribirte, no, quería acariciarte. quería que existieras en esta ciudad, no no no, quería que fueras toda ella. para hundirme por siempre en tus calles perpetuas, de luciérnagas, de riachuelillos en los adoquines. y para ahogarme en tus fuentes, y morder tus emblemas de comercios añejos, y capturar las notas que se escapan de tus antros infrahumanos armada con atrapasueños y cazamariposas. para leerte a tactos como un ciego famélico y hambriento de literatura: con esa furia, con esa dicha; ladrillo a ladrillo y golpe a golpe y roce a roce y adoquín a adoquín.
así te extraño. o algo más, o algo menos: así te recuerda la ciudad y así me llama, a gritos subterráneos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Pedazos

Alex Kanevsky
Soy venusina y bella, como un desnudo de Modigliani.
Me muevo por surcos parpadeantes siguiendo los senderos dorados de Klimt. Igual que sus musas, hechas de arcilla, de savia.
Estoy hecha de angulosos trozos de violencias, como salida de la bilis de Schiele. O bien, difusa, perpleja, nubosa como sueños visionarios de Turner.
Hago el amor como Sorolla. Vuelo como Van Gogh. Bailo igual que baila una línea curvada por mano de Lautrec. Igual que un torso de Renoir, muero en medio de un centenar de diminutas gotas de luz, y mi muerte es esa misma eternidad.
Soy grande como un Botero. Llena de dramas huesudos, como las manos de Guayasamín.
Soy bella, soy el pecado que viola al ojo. Me retuerzo sin final dentro de los concurridos edenes-infiernos del Bosco.

martes, 23 de noviembre de 2010

El dibujo frustrado


El dibujo frustrado es también un arte.
Un arte que duele, más que ningún arte imaginable.
Comienza todo en el paladar. O más hondamente. Como siempre, allí se engendra la magia. La imagen más hermosa existe (¡existe, remarquémoslo!), en medio de un paisaje, cándido, que obedece nuestras chifladuras.
-Y allí la imagen nace y vive sin sospechar de nuestra existencia... mientras que nosotros no podemos dejar de morir por la suya-.
Intentamos sacar la imagen fuera, o lo que es lo mismo, al mundo de la realidad, que es distinto al paisaje cándido ya mencionado. Suele haber un esfuerzo. A veces, el de un estreñimiento. En ocasiones, sólo en ocasiones, se consigue extraer la imagen en parto sanguinario, ya hecha jirones negros.
Todo continúa. Para nuestra tragedia.
Todo se vuelve ilógico antes de que sospechemos que se ha estropeado. Mucho antes. Los cuadrados son trapecios y las líneas, avalanchas. Los segmentos carecen del caos bellísimo. Lo hermoso que existía dentro del asolado paisaje cándido sale hecho un cadáver sanguinolento. O, peor aún, mucho peor: un muerto que apenas produce sentimiento.
Es el fracaso. No la muerte.
(Lo reintentamos al cerrar de las cicatrices.)