Viajeros con cama

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martes, 22 de enero de 2013

La "mirada del dibujante"

Tener la “mirada de fotógrafo” cansa mucho. Consiste en mirarlo todo, cámara en mano -o sin ella, lo cual es más enfermizo-, sin dejar de buscar una fotografía, sin poder desconectar jamás: analizar sin descanso el ángulo y composición, calcular el momento decisivo, fijarse en la textura y ubicación de los objetos o caras, calibrar la luz… Es agotador. A mí me pasó hace un tiempo en el que la fotografía fue mi obsesión e hice fotos que ahora no haría. Luego, simplemente, arrinconé los libros sobre Brassai y Bresson y se me pasó.
Ahora, como un catarro, he pillado la “mirada del dibujante”. Eso me pasa por empezar a experimentar con las acuarelas. Si paseo voy fijándome especialmente en los espacios, las composiciones y los colores, e imaginando cómo dibujaría tal árbol o cómo imitaría tal efecto de hierro o ladrillo... agotador. Me recuerda a mi vieja enfermedad. Antes me obsesionaban las caras; ahora, las calles. Antes tenía la ansiedad, tan angustiosa que venía a mis sueños, de no poder captar con mi cámara todas las escenas fotografiables; ahora, porque la pintura es más calmada, tengo sólo calma. ¡No toda la creación es sufrimiento! 

Un dibujo de mi calle.

sábado, 19 de enero de 2013

Madrid en el cómic


El Rastro según el dibujante Alfredo

He unido dos de mis pasiones, el cómic y la ciudad de Madrid, en este artículo, en el que hago un repaso de las historietas ambientadas en la capital.  
Cómo el cómic ha reflejado mi ciudad (mi ciudad adoptiva, quiero decir, pero que tan jodidamente bien me adopta) se ha convertido en una obsesión para mí durante el tiempo que ha durado la investigación. Que por cierto ha sido estupenda.
Giménez retrata el Embajadores de los cincuenta
Los tipos de la Asociación de Autores de Cómic, muy majos, me contestaron en seguida cuando contacté con ellos y me ayudaron en este curro. Aparte he visitado algunas tiendas de cómics y bibliotecas, pero siempre el trabajo más preciso se hace vía Google, aunque suene menos romántico.
En cierto modo, no veo otra mejor forma de homenajear Madrid que usarla como escenario para la historia que sea. Por supuesto, la idea partió de Carlos Giménez, que es uno de mis maestros en todo (y del que voy a preparar un artículo similar aparte, nota mental). Adoro su historieta en la que retrata Lavapiés, una de mis zonas preferidos, describiéndolo como un barrio en el que “nunca pasa nada, pero sin embargo siempre se mueve”.
Aparte, he descubierto otros autores interesantes, como Juan Berrio o Miguel Navia. 

Aquí os dejo el artículo. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

Acuarelas

  


Vaya a donde vaya... 




...Madrid me espera siempre.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Armas contra la ignorancia


A vísperas de irme a visitar Turquía, cuelgo esta viñeta de mi columna en Tercera Información.
Confío en volver con los bolsillos llenos de fotos, caras nuevas y un poco más de sabiduría. Contra la ceguera no hay nada como un libro y un viaje.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Dibujar, el verano y Malasaña


El martes, con la Tabacalera chapada, el grupo de dibujo eligió la plaza del Dosde como lugar para las sesiones.
Antes de liarme a garabatos, en un ratejo agradable lleno de latas de los chinos y balonazos de niños, me vi Malasaña de día, que hacía tiempo. Encontré a Malasaña como quien encuentra especialmente guapa a una novia. Con los pubs cerrados y los comercios abiertos, husmeé tal tienda de discos y descubrí tal floristería, y vi una mesa de ping-ping con la que habían hecho peatonal tal calle. Dije, éste es mi barrio. Y luego, con el dibujo al aire libre, dimos el último adiós al verano. 
Me encantas, Madrid. 

Cogida de la página de Dibujo Madrid


jueves, 24 de mayo de 2012

Yo estoy


Yo estoy, según un recuerdo de esos que se recuerdan pero que realmente nunca jamás llegaron a vivirse en la vida verdadera, viviendo contigo junto a un lago.

Cuando baja la marea, tú y yo nos asomamos a la barandilla a ver cómo mueren de asfixia a los peces.

Cuando la marea sube, los dos nos vemos obligados a resguardarnos en la casa, a subir los peldaños de la gran escalera central según se va elevando el agua, y cuando ésta sube más y más acabamos refugiándonos en la última habitación, la más alta, y allí, desnudos y encerrados, nos pasamos las horas haciendo el amor entre pájaros y cirroestatos mientras imaginamos aterrados cómo debe ser la muerte por ahogamiento. 

desnudo con olas. dibujo: diana moreno

miércoles, 16 de febrero de 2011

Versos mundanos sin título

(hay un instante, él tiene la culpa,
quizá por su desnudez, no sé,
por desalojar la carne que la tela volvía
anonimato perfecto,
por regalarme -lo quiera o no- la curva de todo su cuerpo.
o quizá es culpa de la simone
que justo entonces
ni antes ni después
comienza a hablar de las bondades del coito anal.
cómo saberlo.
o, bueno, tal vez
es culpa del mar
que suena a éxodo de repente,
y sus buitres pronuncian orgasmos evidentísimos,
y todo ser viviente suda a mares. de muerte.
de be-bop.
o quizá suceda que todos los elementos se atraen de pronto y encajan
por magia de nosequé fenómeno atmosférico
y se nos llena la ciudad de ríos fusionados, de eclipses, de vehículos impactados,
del suicidio de los hombres con moralidad...
en fin.
no lo sé bien.
sólo puedo entender
que él se desnuda, y de pronto
el mundo entero está hambriento).  


bocetos-garabatos, desnudo masculino. diana moreno.

viernes, 21 de enero de 2011

Preocupaciones inexistenciales

La vida, asumámoslo, no es igual que el cine.
Por ejemplo, porque en la primera nunca hay discursos; nunca se dicen las cosas claras bajo música de Morricone. Nunca dos amantes se hablan de la luna con prosa espontánea de Neruda. Nunca se aprovecha el humo de una calle de Nueva York o una lluvia de mariposas caribeñas para renunciar con aspavientos a la chica o para aferrarse a ella para siempre.
No, no; en la vida nunca se dice nada, realmente. No es el protagonista el que habla. La lentitud habla; la rutina es quien habla; el silencio de las acciones comunes lo dice todo siempre. Los grandes cambios ocurren en el subsuelo sin que los notemos más que por pequeñas evidencias y los grandes discursos sólo existen en los bolsillos de los políticos y los ganadores de Grammys.
Quizá por eso me gusta el cine de Jim Jarmusch. Es lo más parecido a la vida que conozco. Porque me gusta la vida, también.

jim jarmusch. dibujo de diana moreno.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Cine negro sobre fondo blanco

Hay un momento de absoluto equilibrio. El secuestro resulta un éxito, se me hielan los pies de ver a la McDormand caminar entre la nieve y me comienzo a cagar en todo aquel que dice que por qué escuchar música triste para ponerse aún más triste, o por qué ver películas de violencia cuando la vida está demasiado llena de sufrimiento.
Nada como una peli de gángsters. Ese apetito rompe-rutinas que nadie puede saciar haciendo una escapadita a la sierra o iniciando una colección por fascículos lo calma el arte de manera segura, indolora; el cine te introduce en el gaznate la adrenalina del mafioso sin mancharte a cambio los mocasines. Así es. Los Coen me evitan por una semana más que tenga que salir a asesinar a alguien, o a maquinar un secuestro despiadado.
Las pistolas se desgañitan de poesía. Muera la inmunidad.
Steve Buscemi, el hombre de la voz de helio, en Fargo

domingo, 21 de noviembre de 2010

In-definiciones 4

Huella.
Se dice de un molesto tipo de polución que se produce al caminar, al moverse o al apenas estar viviendo; dicho fenómeno permanece -de forma para siempre imborrable- en un espacio de tierra y da información indiscreta de a dónde vamos, de dónde venimos, cuál es el sitio exacto en el que sucedieron nuestros tropiezos y cómo de lejos se encuentra el lugar donde pusimos el pie del lugar donde quisimos ponerlo.
dibujo: diana moreno

jueves, 28 de octubre de 2010

Homenajes

A ratos se me olvida que amo el cine, pero entonces llega Fellini y me lo recuerda.

A veces se me olvida que amo el dibujo, pero entonces llega Carlos Giménez y me lo recuerda.

Por momentos se me olvida que amo la literatura, pero entonces llega Gabo y me lo recuerda.

En ocasiones se me olvida que amo la actuación, pero entonces llega John Turturro y me lo recuerda.

A ratos se me olvida que amo la música, pero entonces llega Ani Difranco y me lo recuerda. Con creces.

ani difranco. por diana moreno

miércoles, 13 de octubre de 2010

laanarquíadelossentidos

dibujo: diana moreno
debo
existir
un poco más allá de este goce.

sólo un poco más,
otro poco.

¡a ver si la muerte al final
no era sólo una excusa
para hacernos contratar seguros!

martes, 28 de septiembre de 2010

Sonata de un acto minúsculo

dibujo: diana moreno
Ahora que ha pasado tanto...
creo que tengo algo tuyo
en mi bolsillo.

Era un segundo perdido en el ombligo
de la ciudad translúcida.
Tú estabas fumando
(¿puedo decir tú, sin romperte?),
fumando
desnudo en tu cama.

Había música de piano.
Las notas eran humo,
o los humos eran nota.
En todo caso
volaban a mí, una a una, compases de nieblas bemoles,
y me tocaban.

En la ciudad translúcida
me tocaban las notas,
desnudas tabacaleras de piano retuercenubes,
recién quemadas en tus labios.

Pensé:
si quitas esta música,
si dejas de fumar,
o si apagas la ciudad translúcida
moriremos ambos.