Viajeros con cama

sábado, 19 de febrero de 2011

Leyenda que viene a explicar la muerte de los carámbanos (y otros fenómenos de -si cabe- menor importancia)

Un sabio estaba buscando su ropa desde el asiento trasero de un coche, cuando la situación le inspiró para una teoría sobre las temperaturas subjetivas. Del pertinente vaho que empañaba los cristales, originado por el choque entre ambos mundos -el de dentro y el de fuera del vehículo, ese microclima interior que se mantenía tropical mientras fuera, en la estepa, estaba helando- emergieron las bases para un teorema sobre las influencias psicológicas en la percepción del frío o del calor reales (con especial atención al capítulo sexual). Por desgracia para la ciencia, una camisa huidiza que había ido a refugiarse en el hueco del pedal y el embrague distrajo de momento y para siempre las aspiraciones científicas de nuestro sabio; y desde luego no ayudó la súbita disolución de la nieve, el vibrar trágico de los cristales, el lamento del desinflarse de las ruedas, las agresiones repentinas de las estalagmitas de hielo, la lluvia rabiosa y el granizo, el desintegrarse de los cocos en las palmeras en millones de partículas, el suicidio -tubo de escape adentro- de las alimañas voladoras que intentaban y no podían despegar la escarcha de su piel, ni, en definitiva, la explosión última y conmovedora de aquel mundo exterior que anhelaba y no conseguía ser aquel interior de coche, y sólo podía, desesperado, retorcerse en la rabia inmensa del frío.

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